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Vamik D. Volkan, médico psiquiatra y psicoanalista, director del centro de la Universidad de Virginia para el estudio de la mente y la interacción humana y miembro del centro de negociaciones internacionales fundado por Jimmy Carter, afirma en su libro 'Psicología de las sociedades en conflicto: diplomacia, relaciones internacionales y psicoanálisis' (traducido por el también psiquiatra y psicoanalista Josep Maria Sunyer) que cuando en los años 90 estudió la formación de los terroristas musulmanes halló que la técnica típica para crear un hombre suicida en el Oriente Próximo musulmán incluía dos pasos básicos: el primero, que los instructores encontrasen jóvenes cuya identidad personal ya estuviera trastornada; y el segundo, desarrollar un método de enseñanza con el que la identidad del grupo grande, religioso o étnico, penetrase en las fisuras de la persona dañada o que subyugase su identidad individual. Así, el hombre bomba suicida está primeramente bajo los dictados de la psicología del gran grupo y no bajo la influencia de su propia psicología individual. Aunque el islam prohíbe el suicidio, añade Volkan, la aprobación consciente o inconsciente de los terroristas musulmanes suicidas no faltaba por parte de otros miembros de sus comunidades.

Muy probablemente, si estudiáramos con rigor este fenómeno aquí también veríamos que lo que lo está sustentando es la suma de la fragilidad individual y el soporte de una comunidad que se considera traumatizada por 'el otro' (Occidente). Hoy en día, los religiosos fundamentalistas musulmanes han reactivado los pasados gloriosos y han escogido numerosos traumas, como la pérdida del Califato de 1923, para reclamar viejos derechos.

El periódico 'Le Figaro' publicó recientemente que esta fragilidad individual de ciudadanos musulmanes hace que en Francia cada vez haya más psicoterapeutas, trabajadores sociales y profesionales de todo tipo dedicados a prevenir el reclutamiento de jóvenes por parte del islamismo radical o a contribuir a si desradicalización.
EL SUFRIMIENTO DE LA OTRA PARTE

Antes decíamos, citando a Volkan, que a la fragilidad individual hay que sumarle el soporte de una parte de la comunidad. Pero no se puede ignorar el sufrimiento de la otra parte -la gran mayoría, de hecho- de esa comunidad. Algunos de ellos son padres, hermanos, primos o amigos de estos jóvenes que engrosan las filas del Estado Islámico. La antropóloga francesa Dounia Bouzar, una de las pioneras en Francia y en Europa del trabajo con jóvenes fanatizados y alienados por la ideología del islam más recalcitrante, decía en una entrevista en 'Les Inrockuptibles' que no hemos de dejar a los familiares de estos chicos solos, avergonzados y sintiéndose culpables.

¿Cómo salvar a un joven que se está radicalizando? Según esta experta, primero hace falta dar seguridad. Para combatir el discurso de los yihadistas, los cercanos a quienes pueden ser reclutados deben brindarles emociones tranquilizadoras, que les reaseguren, y para ello hace falta ayudarles a que sean capaces de hacerlo, brindarles apoyo y combatir la vergüenza y la culpabilidad. En una segunda etapa, deben adoptar una aproximación cognitiva para mostrar al joven las mentiras de ese islamismo radical, apoyándose en ocasiones en gente arrepentida que está transitando su propio duelo por la utopía que les vendió el Estado Islámico.
MÁS DE UN AÑO DE TRATAMIENTO

Mientras que el o la joven puede ser reclutado o seducido rápidamente por las ideas mortíferas del grupo terrorista, hace falta más de un año de tratamiento para que empiece a dudar y estabilizarse, salir de la organización y dejar atrás su identificación con esa utopía asesina. Es difícil explicar cuestiones técnicas en un artículo de divulgación como este, pero baste saber que tenemos las herramientas para contribuir a la desradicalización de muchos jóvenes. En otros países europeos ya se está haciendo.

Ahora que se ha puesto en marcha el protocolo de detección de posibles casos de radicalización islamista en las escuelas catalanas, liderado especialmente por los departamentos de Interior y de Ensenyament de la Generalitat, con el objetivo de que la comunidad educativa pueda localizar con rapidez el fenómeno en las aulas, sería bueno contar también con la participación de la Conselleria de Salut para poder trabajar la desradicalización de estos jóvenes. Los profesionales de la salud mental podemos contribuir a resolver algunos de los problemas identitarios que llevan a algunos de ellos a radicalizarse. Profesionales como Volkan, Bouzar y tantos otros nos brindan el conocimiento necesario para hacerlo.

Said El Kadaoui Moussaoui
JOAQUIM TRENCHS * psicologia i psicoanàlisi
*design urialsina
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